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Alzheimer
Ejercicios para luchar contra el alzheimer
Realizar actividades que aumenten la reserva cognitiva del cerebro favorece el enlentecimiento del deterioro de la enfermedad alargando la evolución en los estadios iniciales
España 02/10/2017

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Rocío Laó Domínguez, neuropsicóloga


El Alzheimer es una de las enfermedades neurodegenerativas con mayor incidencia en una población en la que la esperanza de vida se dilata. Según datos de la Organización Mundial de la Salud se diagnostican casi 10 millones de nuevos casos de demencia al año. A pesar de que es una de las patologías a las que la investigación dedica más tiempo, lo cierto es que aún no se ha descubierto la cura, aunque sí podemos adoptar una serie de hábitos que actúen como factores de protección a la hora de desarrollar esta enfermedad .


El curso del Alzheimer puede ser modificable prestando atención a diversos factores que de alguna forma puedan retrasar la evolución de la sintomatología clínica, es decir, todas esas conductas observables que nos informan de que las cosas no están funcionando como deberían”, explica Rocío Laó Domínguez, neuropsicóloga del Hospital HLA San Carlos de Denia.

La manifestación de algunas patologías, como el Alzheimer, está modulada por diferentes factores tanto personales como ambientales y, una de ellas, es el grado de reserva.

Existen dos clases de reserva: la cerebral y la cognitiva. La primera es la que corresponde con las capacidades más innatas del cerebro, y se relaciona con el tamaño cerebral, densidad de conexiones sinápticas y el número de neuronas, entre otros. Características según las cuales las personas serían más o menos resistentes al daño cerebral que se pueda producir.

Por otra parte, la reserva cognitiva hace referencia a la capacidad más plástica que tiene el cerebro, es decir, es la parte que se puede modificar y que se relaciona con la plasticidad cerebral. “Ésta es la capacidad que permite afrontar y hacer frente a todos los daños o al deterioro que se pueda producir en nuestro cerebro”, explica la profesional del Grupo HLA.

Entre los diferentes consejos para moldear la plasticidad del cerebro, la especialista aconseja realizar actividades tanto de nivel educativo, cultural, social y de ocio, como desempeñar trabajos que demanden esfuerzo cognitivo, aprender cosas nuevas como tocar un instrumento u otra nueva destreza, además de mantener actividades y una vida social activa. Es importante mantener un estilo de vida sana, una alimentación equilibrada, ejercicio físico, abandonar hábitos como fumar y el alcohol, e intentar fomentar buenas rutinas que permitan mantener activo al cerebro, fomentando su plasticidad y el establecimiento de nuevas conexiones sinápticas a través del entrenamiento cognitivo.

En definitiva, ambos tipos de reserva son fundamentales a la hora de enfrentar un daño o deterioro cerebral.

La familia y amigos como parte del tratamiento

Todos los aspectos positivos que derivan del apoyo social influyen en el fortalecimiento psicológico y cognitivo de una persona, es decir, unas redes sociales fuertes mantienen la mente activa y pueden ayudar a prevenir el Alzheimer o a retrasar sus síntomas.

“Intentamos trabajar desde una perspectiva integradora, donde no solo se contemple al paciente, sino también a su familia, su red social y otros profesionales.  Ante esta situación es indispensable dar un soporte emocional a los familiares, quienes muchas veces son los cuidadores principales, una vez dado el diagnóstico, así como también a lo largo de la evolución de la enfermad”, aclara la neuropsicóloga, y añade que “hay que contemplar a la familia como el círculo social más cercano, servirles como guía y proporcionarles apoyo. De esta forma promovemos un mayor conocimiento sobre la enfermedad y su manejo, evitando aquellos aspectos negativos que pueden derivar del cuidado y los efectos directos o indirectos en la propia persona a la que se atiende”.

Se enseña a este círculo a enfrentar el conflicto de la nueva situación y dar respuestas alternativas ajustadas, intentando buscar un equilibrio entre las necesidades de la persona a la que se atiende y  las necesidades personales.

Es importante abordar todas aquellas actividades que permitan aumentar la funcionalidad del paciente, mejorando su calidad de vida y, favoreciendo la mejor adaptación a este nuevo escenario. “Estos no erradican la enfermedad pero permiten que la sintomatología aparezca mucho más tarde”, finaliza la especialista del HLA San Carlos. 

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